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Resumen
Las debilidades del Grupo UdeG
Faltan nuevos cuadros, ése es el rezago político principal
Por:
Staff / Jalisco
elrespetable@gmail.com Domingo 29 de Agosto, 2010, 07:00

Trinidad Padilla y Marco Antonio Cortés Guardado.
La ocasión anterior se expicó por qué el grupo que comanda el ex Rector Raúl Padilla López es el más poderoso, políticamente hablando, en Jalisco; sin embargo, no se puede pasar por alto que sobre todo los últimos años, la Universidad sufrió heridas que si bien no son letales, si sangraron profundamente su organismo. Sobrevivieron, pero las huellas de la batalla aún son perceptibles y algunas siguen supurando.
No es lo mismo “Los tres mosqueteros” que “20 años después”, y el grupo UdeG, o mas bien, sus dirigentes no tienen el mismo vigor y la sagacidad que cuando surgieron para triunfar en la primera gran ruptura de la era moderna de la universidad, cuando Raúl Padilla derrocó a la arcaica y violenta estructura formada por la tristemente célebre Federación de Estudiantes de Guadalajara, ésa del pistolerismo práctico que afortunadamente ya no existe como una entidad de peso, limitada a subsistir en las secundarias públicas.
Con la madurez llega el conocimiento, pero también las tentaciones. El principal problema que enfrenta la UdeG es la carencia de un relevo generacional. Los liderazgos siguen siendo los mismos, pero éstos no han fomentado la creación de nuevos cuadros que retomen la conducción de la UdeG hacia un modelo acorde con la política del nuevo siglo. Como en una tómbola y salvo algunas excepciones, las rectorías y los principales puestos de la administración central siguen repartiéndose entre los mismos personajes, cayendo en los vicios de las instituciones políticas en el país, donde sigue actuando una jefatura vertical en la que los líderes se aferran al poder sin confiar ni delegar autoridad en sus subordinados.
Esto conlleva a una sensación de inseguridad y desilusión en las bases, que no ven cambios de fondo en la forma de operar del Grupo UdeG.
Esa desilusión se ha visto acrecentada luego de que tras la destitución del ex Rector Carlos Briseño Torres, las formas no han sufrido una gran variación. La caída de Briseño, provocada por la misma temeridad del fallecido Rector y la “candidez” de pelear una guerra sin contar con los suficientes soldados ni siquiera para dar pelea, representaba la esperanza de muchos por comenzar una nueva era en la institución, donde los acuerdos no tuvieran que ver con los intereses personales sino con la superación conjunta.
El principal golpe para ellos fue el darse cuenta que su esfuerzo había sido en vano, pues varios de los funcionarios que se dedicaron a abusar y a lesionar no sólo a sus contrincantes, sino a todo aquel que no estuviera de acuerdo con sus acciones, permanecieron en la institución, saliendo limpios del daño que causaron. El mensaje desde las altas esferas del poder udegeista fue: los traidores pueden mantenerse e incluso ser premiados.
Además, los hechos de sangre: el atentado contra el chofer de Raúl Padilla, el suicidio de Carlos Briseño, que nunca pudo superar la pérdida del poder y la traición de sus allegados y el asesinato de la mano derecha de Raúl Padilla, Fernando González Sandoval.
La muerte de González Sandoval fue un hecho del que todavía no se puede recuperar el jefe político de la UdeG; el fallecido director de la prepa 7 no sólo era uno de los principales operadores políticos de Raúl, sino también su amigo y confidente, alguien que estuvo cerca del ex Rector desde su juventud, para ayudarle en todo lo que se ofreciera, y éste sí, a prueba de traiciones y quien con sus contactos políticos a nivel estatal y federal, de muchos apuros sacó al “Licenciado”.
Ese hueco no ha podido ser cubierto, señalan quienes conocieron a Fernando González y que conocen la importancia que tenía en el círculo cercano de Raúl, quien pese a todo, no olvida quien es quien, pero que tiene que echar mano de todas las personas disponibles para no perder el control de la organización ni la ejecución de sus proyectos.
Otro punto en contra del grupo UdeG es el fracaso de varios de los proyectos en los últimos años, si bien la FIL y el Festival de Cine gozan de cabal salud, la mala administración y la designación de las personas inadecuadas han provocado el hundimiento de proyectos como la feria Zapopum; la empresa de espectáculos IMPRO o el resurgimiento del equipo de futbol Leones Negros, que a pesar de que empezó con el pie derecho al tener el apoyo completo de la comunidad universitaria (mucho mayor al esperado) ha sido incapaz de generar buenos resultados, encaminándose a un descalabro monumental pues tarde o temprano, los seguidores terminaran hartándose del desempeño de un club que es manejado con estrategias anticuadas.
Pensándolo bien, el grupo UdeG es como su equipo de futbol: se reestructuraron y surgieron de nuevo como un poderoso conjunto con amplias expectativas de crecimiento que significaron la esperanza de miles de universitarios, pero el reciclaje de cuadros viejos, de elementos nada confiables que pueden dar de nuevo el zarpazo en cualquier momento o de personas cuya capacidad profesional es dudosa, pueden terminar cansando de nuevo a la afición, a los miles y miles de udegeistas que quizá ya no vuelvan a dar ese salto de fe para respaldar a sus líderes. Esa es su principal debilidad, pero los directores técnicos de la cúpula udegeista, parece no querer darse cuenta.




